martes, 29 de septiembre de 2015

La bella y la bestia.
Christina salió corriendo de su trabajo en busca de un colectivo para llegar lo antes posible a su hogar y poder prepararse para salir con sus amigas, una de ellas iba a ir con un amigo que le quería presentar y estaba muy emocionada, a sus veintinueve años se encontraba soltera y, a pesar de que no sentía necesidad de sentar cabeza a veces le molestaba la presión de su familia y círculo de amigos: “se te va a pasar la micro”, “el momento de las mujeres se acaba antes que el de los hombres”, “ya estás empezando a juntar gatos”… y qué tan importante era que tenga gatos? Le servían de compañía durante las noches, a su gata incluso le gustaba dormir en sus pies y hacía del perfecto guatero. De todos modos había visto fotos de este “amigo” que le iban a presentar y efectivamente era  su tipo, además según le habían hablado parecía ser decente y algo interesante.
Se sentó en el asiento delantero del colectivo, pagó en cuanto se subió y le dijo al conductor hacia donde se dirigía, éste esperó que se llene su móvil y emprendió el viaje, en la radio se escuchaba a un predicador citar textos y discutir sobre cómo había afectado  la legalización del matrimonio homosexual a la sociedad, culpando a esto de absolutamente todos los males habidos y por haber en la tierra y aislando por completo otros factores como el que adolescentes de muy poca edad sean los principales medios de incluir nueva población en el país, por sobre adultos responsables, y estos entregando muy pobre educación a sus hijos, abandonándolos a ser cuidados por sus abuelos o simplemente recibiendo de niñera un computador, celular, tablet o televisor. Nada de esto le importaba Chrissy, no era más que ruido ambiente, ella había pasado toda su adolescencia totalmente distanciada de la vida social fuera de su colegio, concentrándose únicamente en sus estudios, su afición por la música y sus salidas a trotar por la costanera frecuentemente. Al entrar a la universidad no tardó en llamar la atención de muchos pretendientes, siendo buena en todos los ramos y además muy hermosa, pero los rechazó amablemente uno tras otro, si bien podía prestar atención un poco a alguno durante un tiempo, no tardaba en aburrirse y así fue como pasó toda su vida sin tener realmente una pareja,  ahora, a las puertas de su tercera década estaba comenzando a pensar que se estaba perdiendo algo de la vida por lo que comenzó a aceptar las invitaciones de sus amigas para conocer más gente, decepcionándose vez tras vez, era de esperar que esta noche sea la excepción.
El cielo se estaba oscureciendo rápidamente y  brillaba aún con esos toques rojizos que es comúnmente visto como un indicador de que mañana será un buen día, ojalá sea un indicador de cómo será esta noche igual, se sorprendió a si misma pensando en esto y sonriendo y cambió su cara lo más velozmente que pudo, no tan rápido como para que el chofer no se diera cuenta, y éste reaccionó soltando una sonrisa picarona al cruzarse sus ojos con los de ella, la cual pudo notar su dentadura que comenzaba a tener algo más de espacio, acercándose a la edad en que debería dejar de trabajar, o tal vez ya habiendo pasado  ésta y trabajando únicamente porque su pensión era muy baja, vestía con un sweater azul y pantalón de tela azul marino, en general parecía un buen caballero… hasta que se percató de que su mirada bajó al resto de su cuerpo, como intentando catalogarla en quién sabe qué clase de sistema tendrá este anciano, tal vez sea del uno al diez, o del uno al siete o tal vez algunas letras o contrastes como en alguna época pudo haber sido : de mi suegra a Marilyn Monroe, esto siempre le hacía sentirse molesta, esta costumbre que tenían los hombres de verla como un objeto a puntuar, además le estaba tomando más tiempo de lo que podía soportar, por lo que no pudo evitar perder la compostura y decirle:
-Por favor, debería usted fijarse por donde conduce en lugar de quedarse mirando de esa forma, es desagradable.
-Lo siento mucho señorita –contesto él casi riéndose- es sólo que no es muy frecuente para mi ver a una señorita de su edad mirando el cielo y sonriendo de esa forma, pensé que estaba imaginando un poema o algo, por lo general todas las personas se sientan, pagan y se concentran en sus teléfonos, no los culpo, yo también aprovecho cada semáforo de ver el mío –sacó su celular de su bolsillo y siguió hablando, pero esto le recordó a ella que tenía que ponerse de acuerdo al lugar al que irían en la noche por lo que sacó su propio celular y sin darse cuenta dejó de escuchar al anciano que no paraba de parlotear.
Deslizó su dedo sobre la pantalla y vio que no le había llegado ningún mensaje nuevo, no le sorprendió esto, puesto que seguramente aún esperaban la confirmación del amigo que le iban a presenta, aún así decidió meterse a Chroma para pasar el rato y dejar de lado el mal gusto que le dejó la mirada del viejo verde que además intentó usar esa observación con una excusa, si, puede que le haya llamado la atención la sonrisa y la mirada al cielo pero de ninguna forma esto justifica la larga mirada que le propinó, pero… viejo verde? Christina ya no era ninguna adolescente tampoco, de hecho sonaba más como su madre diciéndole eso a los viejos verdes que le decían cosas por la calle cuando caminaba con ella en su tiempo de liceana, ahora ya comenzaba a sentirse más cansada cada noche y no  era precisamente por el trabajo, además le costaba mucho mantener su figura y tenía que mantener dieta a veces, cosa que nunca se le habría siquiera pasado por la mente en su época de estudiante, tal vez sea éste el momento para sentar cabeza, tal vez se me esté pasando el tren.
En el momento en que abrió Chroma notó algo extraño, ningún mensaje nuevo ni publicación desde hace algunas horas, ni noticias, nada, comenzó a scrollear hacia abajo, cada vez más y más rápido y los colores se seguían en una rápida sucesión, los colores que indicaban acontecimientos de sus conocidos, los comentarios, las noticias, cada cosa tenía su propio color y mientras bajaba le parecía que los colores se mezclaban, que brillaban  más que de costumbre, que se salían de sus bordes establecidos,  que aparecían colores que nunca antes había visto, todo se fundía en un espiral , o al menos esto le parecía, espiral de colores que giraba más y más rápido a medida que scrolleaba y no podía sacar su vista de la pantalla ni de dejar de bajar, pero no baja, giraba, todo le giraba y de pronto su cita de la noche dejó de tener valor, de pronto las palabras en la pantalla dejaron de ser palabras, se tornaron colores, colores primarios, secundarios, terciarios y algunos colores que sospechó aún ni siquiera se habían descubierto y sintió un agudo dolor en el pecho, era como si alguien estuviera afirmando su corazón directamente con sus manos y apretando y soltando, sintió su cerebro revolverse dentro de su cráneo y un dolor eléctrico en su columna pero no podía dejar de scrollear con su dedo mientras todo esto pasaba, hasta que en cierto momento algo se quebró dentro de ella, levantó la vista estando en shock y miró al lado suyo, el chofer del colectivo no dejaba de mirarla como si le hubiera arrojado a una jaula llena de tigres cargando en sus bolsillos carne cruda. Fijó su mirada en él, luego vio hacia atrás y las tres personas sentadas en los asientos traseros la miraban atónitos, completamente fuera de si mismos, trató de hablar, pero lo único que salió de su boca fue un chillido raspado que sonó algo como “riaaaaaaaaaaaaarrrrrr” sin saber porqué intentó cubrir su boca pero en lugar de ello hizo dos rápidos jabs al aire y el chofer asustado giró el volante bruscamente, se escuchó el chirrido de las llantas sobre el pavimento al intentar aferrarse a éste inútilmente y el colectivo patinó directo hacia un poste de luz, todo se volvió oscuridad de pronto.
Despertó cuando el cielo estaba completamente oscuro, entre trozos del parabrisas con algo de sangre, se intentó incorporar lentamente, pero en vez de ello se movió brusca y espasmódicamente, lo que le propinó un dolor en todo su cuerpo, tal vez tenía unas costillas rotas o hasta algo en el cráneo.
¿Dónde estoy? Claro, iba en un colectivo, luego recuerdo sólo un baile de colores y ahora estoy acá. ¿Es éste el colectivo? ¿Chocamos?
Trató de pedir ayuda:
“Tihuameleeeee!!!”.                                                       
 ¿Qué fue eso? Recuerdo que hace un rato traté de decir algo y en lugar de eso también grité.
Eventualmente logró salir del colectivo, a diferencia de cómo lo haría una víctima de un accidente se movía velozmente y al ponerse de pie notó que estaba encorvada, trató de enderezarse pero tampoco podía, su ropa estaba hecha un desastre y sintió vergüenza, pero al ver a su alrededor notó que no había nadie mirando en su dirección, por el contrario, habían personas gateando en la calle, centenares de autos detenidos, algunos chocados, gente gritando, gente pidiendo auxilio y ella, ella fue solamente una víctima ignorada en algo que parecía un ataque terrorista, o algo sacado de alguno de esos animes que solía ver cuando adolescente, dio una mirada al colectivo, parecía vacío salvo por un bulto atrapado bajo el poste en el lugar donde el chofer debía estar, intentó convencerse que era sólo un bulto, porque este bulto no se movía ni le sería posible moverse por la forma en que se encontraba, y porque de ser el chofer, estaría así por su culpa. Caminó un poco aún en shock, pensó que seguía inconsciente, tal vez  esté comatosa en el hospital y esto sea parte de su imaginación, o tal vez llegó a su casa cansada, se quedó dormida y ahora estaba teniendo esta pesadilla producto de su conciencia culpable por dejar plantadas a sus amigas y su supuesta cita, además de su miedo a envejecer como una loca de los gatos. Caminó unos metros más y alguien la notó, un joven de unos quince años, un adolescente, jóvenes de esa edad aún le gritaban cosas cuando ella caminaba por la calle, piropos que variaban entre lo romántico y lo vulgar, a veces se detenía a pensar que eso era bueno, aún no entraba en su fecha límite,  le sonrió,  pero el joven pareció no  responder a su sonrisa de la mejor manera, todo lo contrario,  su rostro reveló horror al ver la sonrisa que ella le había dado ¿tan mal me veo?.
-Chiiiiikawaaaaaaaaaalli!!!-que mierda me pasa? pensó, mientras el horrorizado joven comenzaba a gritar.
-Aléjate de mí, estás loca como todos los demás, déjame en paz, aléjate.
Trató de seguirlo pero en ese momento se dio cuenta que cojeaba, estaba encorvada, tenía un ojo cerrado y sentía como si tuviera la cara dormida, sentía que debía verse como una caricatura de cuasimodo, el jorobado de Notre Dame, pero temía buscar un lugar para ver su reflejo, tal vez más que ver las atrocidades que ocurrían a diestra y siniestra en torno de ella, más que saber si esto era realidad o sólo una pesadilla, temía verse y haberse convertido en alguna clase de monstruo o caricatura, no sabía a qué se refería el joven con estar loca como todos, no le importaban, quería poder caminar bien, sentir su rostro como siempre  lo había sentido, pero nada de eso le era posible, no podía enderezar su espalda, no podía dejar de cojear, ni abrir su ojo, no era capaz de desplazarse con la gracia y elegancia de bailarina que tuvo hace sólo unas horas atrás, si es que había pasado sólo horas desde que perdió el conocimiento, en lugar de ello se movía de forma brusca, agresiva, algo robótica incluso, cada cosa que trataba de decir, hasta de murmurar se sustituía por un alarido, o algún grito en alguna lengua extraña, tal vez simplemente un grito sin sentido, pero comprendió que le sería imposible comunicarse con alguien en ese estado.
Lentamente, se acercó a un auto que se encontraba cubriendo la mitad de la calle, atravesado, no para ver si había alguien dentro, ni para ver si lo podría manejar y salir de allí, volver a su hogar, no, finalmente había reunido el valor suficiente para verse en un espejo y lo más cercano sería el retrovisor de aquél auto. Lo cubrió con sus manos en cuanto pudo y, habiendo inhalado en son de preparación antes de hacerlo, retiró las manos lo más lento que pudo, entonces el horror que sintió fue realmente agudo, su cabello estaba totalmente pegado producto de la sangre que tenía en él, además de aún contar con trozos de parabrisas, pero esto no era lo más horrible, su ojo cerrado estaba cerrado porque si, no lo había perdido, solamente había perdido control sobre él, en cuanto al resto de su cara… los músculos de su rostro se habían contraído de una forma grotesca, más que una persona parecía una de esas máscaras de demonios japoneses, había perdido uno o dos dientes, no se quiso detener a contarlos, su mano derecha golpeo casi al instante el espejo haciéndolo añicos, su único ojo abierto se nublo con lágrimas y comenzó a gritar desesperada, toda su vida, todo se había arruinado tal vez para siempre, sin saber cómo supo que todo eso era real y no era una clase de sueño donde su subconsciente la castigaba y sus gritos, lamentos, alaridos y manoteos se sumaron al de cientos de personas que se encontraban en ese preciso momento en la calle principal de la ciudad sufriendo un martirio similar o peor.
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Un capítulos más avanzado en lo que estoy escribiendo, otro personaje.

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